Ciento un años de la publicación de “Muerte en Venecia”
de Thomas Mann, son un buen pretexto para recordar la sublime cinta de Luchino
Visconti y la extraordinaria interpretación de Dirk Bogarde. De una sensibilidad
arrolladora, se nos antoja -tal que cuadro- en delicadísimas pinceladas de una
Venecia tan bella como decadente, retratando el alma del balnearismo del XIX y
de toda su carga estética, cual Canaletto del celuloide: Venecia y la playa del
Lido.
Asistimos, inermes y ahogados de belleza, a la
contemplación del amor sensual y púdico en la figura del joven adolescente. Y
todo ello con ese manto casi onírico que planea en toda la película… si… es
Mahler… Entonces emerge la figura de Dirk Bogarde en una de las mejores
interpretaciones actorales, con la armonía del equilibrio que hace bella a la
muerte… Una gota de tinte resbala por su frente a la vez que también lo hace su
vida…

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